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¿Ya no tienes ganas? Por qué esperar al deseo arruina tu vida sexual

Publicado por Carmen Húngaro Colmena

Pareja pensativa en la cama

"Es que ya no me busca como antes". "Si tengo que planear el sexo, pierde toda la gracia". "Siento que hemos perdido la chispa".


Estas frases resuenan a diario en las consultas de terapia de pareja. Tenemos profundamente interiorizado el ideal romántico de que el amor y el deseo deben ser siempre irracionales, incondicionales y, sobre todo, espontáneos (Sanchez et al., 2012). Nos han vendido la idea de que el deseo verdadero es aquel que surge de la nada, como un flechazo incontrolable.


Pero, ¿qué dice la ciencia al respecto? Para entender por qué este "Mito de Disney" está haciendo tanto daño a las relaciones largas, vamos a sumergirnos en un brillante trabajo de investigación sobre la motivación sexual publicado por Walter Everaerd y Ellen Laan, pioneros en el estudio del deseo como respuesta a incentivos.



Adiós al mito de la "Olla a Presión"

Durante décadas, incluso la ciencia creyó en un modelo de deseo basado en el "impulso interno", que funcionaba como una máquina de vapor: se pensaba que la abstinencia acumulaba presión en nuestro cuerpo y este, eventualmente, necesitaba buscar una salida para liberar ese "vapor" acumulado (Everaerd & Laan, 1995).


Hoy sabemos que esto es falso. La abstinencia sexual no produce ningún síntoma de dolor físico (Everaerd & Laan, 1995) tampoco produce enfermedades ni físicas ni mentales, así como tampoco ayuda, por sí sola a aumentar la libido. El deseo sexual no surge de la nada simplemente porque haya pasado mucho tiempo. De hecho, los autores explican que hemos pasado a un modelo de motivación por incentivos: el deseo no es algo que esté "guardado" dentro de ti esperando explotar, sino que emerge como respuesta a los estímulos adecuados (Basson, 2000).


La trampa de la convivencia y el "modo automático"

Al principio de una relación, el deseo fluye de manera automática y sin esfuerzo aparente (Mark et al., 2018). Esto nos hace creer que esa espontaneidad es la norma. Sin embargo, a medida que la relación avanza, el contexto cambia por completo.


La convivencia hace que el espacio de la pareja se inunde de preocupaciones no sexuales: las facturas, el trabajo, la crianza, el cansancio (Muise et al., 2016). Todas estas preocupaciones fragmentan nuestra atención y agotan los recursos mentales y físicos necesarios para que aparezca el deseo sexual. Perder la espontaneidad no significa que la relación esté rota; es, sencillamente, el curso natural del deseo a lo largo del tiempo (Basson, 2000).


Exigir que el deseo vuelva a ser "espontáneo" tras años de relación es una misión prácticamente imposible (Everaerd & Laan, 1995).


Los 3 verdaderos ingredientes del deseo

Si el deseo no cae del cielo, ¿cómo lo fabricamos? Los autores señalan que, para que "se hornee" la motivación sexual, se tienen que dar tres ingredientes (Everaerd & Laan, 1995):

    1. Un estado interno receptivo:

    Nuestro sistema biológico debe estar dispuesto, lo que implica estar descansados y con un mínimo de bienestar emocional.


    2. Los incentivos adecuados:

    Estímulos en el entorno que nos resulten atractivos: una caricia, una conversación íntima, un ambiente relajado, una fantasía.


    3. Las reglas de acceso (Consentimiento):

    Sentirnos seguros, respetados y con espacio para decidir.


Cómo recuperar la pasión: De esperar a crear

El mensaje más liberador de este estudio es que, dado que el deseo es una respuesta a los incentivos, podemos cultivarlo. Si te sientas en el sofá a esperar a "tener ganas" mientras repasas mentalmente la lista de la compra, lo más probable es que el deseo nunca llegue.


Para recuperar la pasión, debemos dejar de idealizar la espontaneidad. En las relaciones estables y maduras, el deseo sexual debe ser movilizado de forma activa y estratégica (Mark et al., 2018). Esto significa:

  • Planificar citas íntimas.
  • Crear deliberadamente un ambiente erótico.
  • Iniciar caricias sin buscar necesariamente llegar al coito de inmediato.
  • Darle a nuestro cuerpo el tiempo y los estímulos necesarios para que el deseo despierte.

El amor maduro requiere intención. Dejar el sexo en manos de la "espontaneidad" en medio de una vida adulta estresante es la receta perfecta para la sequía. No estás roto/a; simplemente necesitas empezar a crear el contexto adecuado para que tu deseo vuelva a encenderse.


¿Y tú? ¿te sientas en el sofá a esperar o construyes el escenario idóneo?

No te sientas culpable si eres de los que espera, la realidad es que muy pocas veces se hablan de estos temas y por lo tanto es muy difícil saber por qué el deseo ha caído desde los primeros años de la relación hasta la relación que mantienes ahora, sin embargo ahora tienes el primer paso para recuperar la chispa: ser consciente de que hay que trabajar en ello; el fuego no se enciende solo.


Referencias:

  • Basson, R. (2000). The female sexual response: A different model. Journal of Sex & Marital Therapy, 26(1), 51–65.
  • Everaerd, W., & Laan, E. (1995). Desire for passion: Energetics of sexual response. Journal of Sex & Marital Therapy, 21(4), 255–263.
  • Mark, K. P., Vowels, L. M., & Murray, S. H. (2018). The impact of relationship length on sexual desire. Journal of Sex Research, 55(3), 289–302.
  • Muise, A., Schimmack, U., & Impett, E. A. (2016). Sexual frequency predicts well-being. Social Psychological and Personality Science, 7(4), 295–302.
  • Sanchez, D. T., Phelan, J. E., Moss-Racusin, C. A., & Good, J. J. (2012). The romance myth. Journal of Sex Research, 49(5), 488–500.